AAS 37 (1945), p. 323
en ocasión solemne se dijo un día—, gracias por habernos librado misericordiosamente
de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos
ha desangrado» !4
Mas la gratitud sincera se muestra en la esplendidez de los propósitos
que la acompañan. Vuestra patria se ha salvado de la última hecatombe
mundial, pero no por eso tendrá menos necesidad de vivir la vida del
Apostolado, es decir, vida de amor, de mutua caridad, de oración común
que hermana los espíritus, de devoción a aquel Corazón que es todo
mansedumbre y misericordia, de celo apostólico que quiere ganar a todos
para Cristo, pero especialmente a los hermanos extraviados. Porque
donde perdurasen el odio y el rencor, no habría lugar para aquel Corazón,
que ardientemente desea el amor y, si es necesaria, la reconciliación
entre los hermanos. Sea, pues, también vuestra reunión la Asamblea
de la caridad, mientras repetís de nuevo : ¡ •« Venga a nosotros vuestro
santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor» !5
Además, España se presenta hoy ante el Corazón Divino, evocando
aquella luminosa mañana del 30 de Mayo de 1919, cuando toda la nación,
por boca de su Soberano, quedó consagrada al Corazón de aquel Señor que
estaba expuesto sobre el altar de un magnífico monumento en el centro
mismo de la Península. Hoy en el lugar santo queda solamente un
montón de ruinas. Pero queda siempre también allí algo que no puede
ser destruido con ningún explosivo y es la fuerza del espíritu ; la fuerza
<que salvó vuestra fe al sonar para vosotros la hora dolorosa ; la fuerza
que hoy — y con grande placer lo reconocemos — se muestra en la potente
vitalidad católica de vuestra Patria, obra del amor que el Sagrado Corazón
de Jesús reserva para ella y del concurso de tantos buenos españoles
; la misma fuerza que ahora os ha reunido en esta Asemblea y os
hace exclamar otra vez, con toda la sinceridad de vuestra alma hidalga
j generosa : « Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los
hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia y de
las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias » . 6
Estas palabras quisieron ser un día como un plan de vida, cuando
Europa comenzaba la nueva etapa de su historia, que se iniciaba tras
el último cañonazo de la primera conflagración mundial. Hoy deberían
:ser la renovación de vuestra gratitud, de vuestros propósitos y de vuestra
consagración en un momento todavía más grave, a la salida de un conflicto
más amplio, más terrible, más lleno de consecuencias, más tena»
4 Acto de Consagración de España, al Sacratísimo Corazón de Jesús.
4 Ibid.
8 Ibid.
de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos
ha desangrado» !4
Mas la gratitud sincera se muestra en la esplendidez de los propósitos
que la acompañan. Vuestra patria se ha salvado de la última hecatombe
mundial, pero no por eso tendrá menos necesidad de vivir la vida del
Apostolado, es decir, vida de amor, de mutua caridad, de oración común
que hermana los espíritus, de devoción a aquel Corazón que es todo
mansedumbre y misericordia, de celo apostólico que quiere ganar a todos
para Cristo, pero especialmente a los hermanos extraviados. Porque
donde perdurasen el odio y el rencor, no habría lugar para aquel Corazón,
que ardientemente desea el amor y, si es necesaria, la reconciliación
entre los hermanos. Sea, pues, también vuestra reunión la Asamblea
de la caridad, mientras repetís de nuevo : ¡ •« Venga a nosotros vuestro
santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor» !5
Además, España se presenta hoy ante el Corazón Divino, evocando
aquella luminosa mañana del 30 de Mayo de 1919, cuando toda la nación,
por boca de su Soberano, quedó consagrada al Corazón de aquel Señor que
estaba expuesto sobre el altar de un magnífico monumento en el centro
mismo de la Península. Hoy en el lugar santo queda solamente un
montón de ruinas. Pero queda siempre también allí algo que no puede
ser destruido con ningún explosivo y es la fuerza del espíritu ; la fuerza
<que salvó vuestra fe al sonar para vosotros la hora dolorosa ; la fuerza
que hoy — y con grande placer lo reconocemos — se muestra en la potente
vitalidad católica de vuestra Patria, obra del amor que el Sagrado Corazón
de Jesús reserva para ella y del concurso de tantos buenos españoles
; la misma fuerza que ahora os ha reunido en esta Asemblea y os
hace exclamar otra vez, con toda la sinceridad de vuestra alma hidalga
j generosa : « Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los
hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia y de
las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias » . 6
Estas palabras quisieron ser un día como un plan de vida, cuando
Europa comenzaba la nueva etapa de su historia, que se iniciaba tras
el último cañonazo de la primera conflagración mundial. Hoy deberían
:ser la renovación de vuestra gratitud, de vuestros propósitos y de vuestra
consagración en un momento todavía más grave, a la salida de un conflicto
más amplio, más terrible, más lleno de consecuencias, más tena»
4 Acto de Consagración de España, al Sacratísimo Corazón de Jesús.
4 Ibid.
8 Ibid.